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miércoles, 3 de diciembre de 2014

Too big to jail: una recensión recomendable



Vaya por delante que no he leído el libro cuyo título he tomado prestado para esta entrada. Su autor es el Profesor Brandon Garrett, de la Universidad de Virginia. El libro: Too Big to Jail: How Prosecutors Compromise with Corporations (Harvard University Press, Cambridge, 2014, 384 páginas). Una obra situada entre el Derecho procesal, el penal y el de sociedades. Hay varias referencias a su contenido, presentación y reacciones en el blog del propio autor.


Sí he leído una recensión publicada en el Financial Times (FT Weekend, 22-23 de noviembre de 2014, p. 8) que me pareció interesante a la vista de su autoría  -el actual Profesor y antiguo Presidente de la Universidad de Harvard, Lawrence Summers, que en su día fue Secretario del Tesoro  bajo la Presidencia de Bill Clinton- y cuya lectura me atrevo a recomendar (la de la recensión y, por seguir a ésta, la del libro). Ambos nos conducen a la revisión de la respuesta que el sistema judicial estadounidense ha dado a las sucesivas y recientes crisis empresariales, que Summers critica de manera severa, como resume su penúltimo párrafo:

“In the process, punishment of individuals who do wrong or who fail in their managerial duty to monitor the behaviour of their subordinates is short-changed. And deterrence is undermined. There is a broader cultural phenomenon here as well. Relative to other countries such as the UK or Japan, the principle that leaders should resign to take responsibility for failure on their watch even when they did not directly do wrong is less established in the US. This is probably an area where we have something to learn”.

Muchas de las consideraciones del comentarista tienen validez limitada al  sistema judicial y sancionador de Estados Unidos, mientras que otras son igualmente válidas desde la experiencia europea y española. Especial atención merece la sucesión de descomunales multas que se han venido imponiendo en estos últimos meses a algunas entidades americanas, por miles de millones de dólares. Solución que Summers critica desde el punto de vista del régimen societario, al permitir a los responsables de prácticas incorrectas zanjar su responsabilidad recurriendo al dinero de los accionistas:

“The current trend towards large fines as the response to corporate wrongdoing seems to promote a somewhat unattractive combination of individual incentives. Managers do not find it personally costly to part with even billions of dollars of their shareholders’ money, especially when fines represent only a small fraction of total market value. Paying with shareholders’ money as the price of protecting themselves is a very attractive trade-off. Enforcement authorities like to either collect large fines or be seen as delivering compensation for those who have been victimised by corporate wrongdoing. So they are all too happy to go along”.

Nada que objetar. Sí que apostillar que esas multas descomunales permiten una apreciación proporcional: son consecuencia de infracciones graves, duraderas y con efectos lesivos sobre muchos de los participantes en los mercados correspondientes, señaladamente en mercados regulados. ¿No debiera merecer alguna atención el papel de los supervisores? ¿No son esas multas una solución que dispensa de mayor análisis sobre cómo fueron posibles los hechos sancionados?

Madrid, 3 de diciembre de 2014