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martes, 24 de marzo de 2015

Examinando a los Abogados



Publicaba hace unos días The New York Times un amplio artículo ilustrativo de la disconformidad de no pocas Facultades jurídicas estadounidenses con el examen de acceso al ejercicio de la abogacía. El citado artículo de Elizabeth Olson, titulado Bar Exam, the Standard to Become a Lawyer, Comes Under Fire, expone en sus primeros párrafos las razones de la crisis surgida en un aspecto esencial de una de las “industrias legales” más influyentes:


For decades, law school graduates have endured a stressful rite of passage, spending the first 10 weeks after classes end taking cram courses in the arcane details of the law before sitting down for the grueling, days-long bar exam. Those who do not pass cannot practice law, at least in nearly all the states and the District of Columbia that consider the exam the professional standard.

But that standard, so long unquestioned, is facing a new round of scrutiny — not just from the test takers but from law school deans and some state legal establishments. Some states, including Arizona, Iowa and New Hampshire, are exploring or have adopted other options, questioning the wisdom of relying on a single written test as the gateway to legal practice.

The debate over the exam is not new, but it broke out in the open after the results of last summer’s exam were released in the fall, showing that the 51,005 test takers had the poorest results in nearly a decade.

Many law school deans, bristling from criticism that they are replenishing their ranks with less academically qualified students as the number of law school applicants has fallen sharply, began to openly question the mechanics of the bar exam”.

No descarto que algún lector albergue el propósito de terminar siendo admitido como abogado en alguno de los Estados Unidos, pero redacto esta entrada pensando en nuestra experiencia, que todavía está en sus primeros años.

El sistema español de acceso a la abogacía condiciona la actividad de nuestras Facultades, puesto que esa profesión seguirá apareciendo como una de las más destacadas, sino la primera, opción de los graduados. Según transcurran los años, el sistema permitirá valorar si las Facultades de Derecho españolas, en general, están preparando adecuadamente a los futuros abogados y no se produce una quiebra similar a la que parece haberse registrado en Estados Unidos.


Hay una segunda reflexión que apunta a algo que deben asumir las Facultades y las Universidades: este nuevo programa se va a convertir en un baremo más de la competencia entre centros. En esa evolución del Máster de Acceso a la Abogacía se establecerá una inevitable clasificación en función de los resultados que registren sus graduados en los correspondientes exámenes. El mayor o menor éxito de quienes se examinen se convertirá en el de su Facultad de procedencia. No falta mucho para que algunas Facultades conviertan los resultados positivos de sus alumnos en el acceso a la abogacía en el mejor reclamo comercial para sus MAB.

Termino con otro dato estadístico americano que, a lo mejor, termina también siendo indicativo de un proceso similar en otros lugares. La dificultad o restricción en el acceso a la profesión de abogado cobra mayor valor si se tiene en cuenta el notable descenso en el número de estudiantes de Derecho en Estados Unidos. Conforme a los datos que recogía una reciente entrada en The Law Blog de The Wall Street Journal, el número de solicitudes para estudiar Derecho ha bajado a menos de la mitad de las registradas en 2004. Cada vez menos estudiantes de Derecho y, dentro de ésta cifra, cada vez menos Abogados admitidos … ¿está dejando la profesión letrada de ser una de las salidas profesionales más utilizadas? La pregunta la hago también con respecto a España.


Madrid, 24 de marzo de 2015