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lunes, 27 de abril de 2015

Fondos “activistas” e interés social



De las lecturas de prensa del pasado fin de semana me animo a compartir algún comentario referido a la columna del Profesor Frank Partnoy (v. The Wall Street Journal, abril 24-26, 2015, p. 14). Una columna interesante por partida doble. Por su título: “Who Benefits From Activist Hedge Funds?”. También por su contenido, pues nos pone en la pista de un estudio más amplio del que es co-autor el columnista, en el que se ha llevado a cabo una amplia investigación sobre los efectos que ha tenido en los mercados financieros estadounidenses (es decir, en las sociedades que en ellos participan) la irrupción que sobre los valores de una sociedad ha tenido la irrupción de un inversor “activo” o “agitador” (tal es la acepción que se atribuye por el Diccionario al inversor “activista”, que es normalmente un fondo de inversión), que es una forma de calificar al que toma una participación a partir del convencimiento de que la gestión de la sociedad y sus resultados son mejorables. 


El trabajo de investigación es amplio por el número de casos estudiados y por el período objeto de revisión (2008 hasta mediados de 2014). Aunque su atención se dirija hacia mercados foráneos y especialmente dinámicos, buena parte de los problemas que se analizan y de sus conclusiones pueden ser válidos para nuestro mercado corporativo.

La aparición de un inversor activista, crítico u “hostil” no es tampoco un simple hecho, sino un problema o presupuesto de la regulación de los mercados financieros. El régimen de las OPAs, el Derecho de sociedades o el Derecho económico están plagados de disposiciones que toman partido en ese escenario, ya sea para incentivar o restringir la lucha por el control empresarial. Como muestra, el caso francés referido en la anterior entrada.

Suelen reconducirse esas situaciones a un lenguaje bélico y, como suele repetirse, suele ser la verdad la primera víctima de cualquier guerra. Lo deseable es que en esas batallas empresariales que desata la llegada del accionista intruso (al menos para los gestores), prime la verdad a la hora de responder a algo tan simple como si eso es bueno o malo para la sociedad y para el resto de los accionistas.

Parece que de la aparición de ese fondo que reclama cambios en la gestión suelen beneficiarse la mayoría de los accionistas, para empezar con  una revalorización importante de la cotización bursátil. Dice Partnoy:

“Our new research shows that the market more recently has reacted very favorably to activism.

For example, in 2013 the stock price of the targets of activist hedge funds rose on average around 9% relative to the market during the 21-day window before and after the announcement of the activists’ stakes. During the past six years, the “announcement period stock return” of targeted firms has averaged around 6%.

That might not sound like a lot. But reliably beating the market by 6% is like discovering the secret to winning the lottery. Large institutional investors have poured tens of billions of dollars into these activist funds.

La columna periodística alerta, sin embargo, sobre matices importantes puestos de manifiesto en el estudio. Así sucede con el propio perfil de los inversores y con la frecuencia de sus operaciones. Los más conocidos fondos inversores suelen ser los más exitosos, pero también lo son en la medida en que sea menor el número de sus aventuras. También se cuestiona la idea de que esos inversores sólo son cazadores de plusvalías a corto, puesto que en aquellos casos en los que la inversión ha dado lugar a un período de permanencia sostenida del inversor cualificado, los rendimientos de la empresa en el medio y largo plazo mejoraron. Un último comentario reclama el tópico sobre el uso de complejos instrumentos financieros por parte de esos actores, cuando lo que se señala es que su planteamiento es clásico: compran acciones en sociedades en las que creen que su cotización no reconoce el valor de la empresa, que debiera recuperarse con cambios en su gestión. Lo que termina llevándonos a algo que ya intuíamos: que la irrupción de estos inversores tiene beneficiarios y perjudicados. Cito el párrafo final de la columna reseñada:

“So are activist hedge funds good or bad? For managers and board members of public companies, they are potentially bad. They challenge those individuals’ wisdom, their strategies and even their positions in the company. But for most investors, many of these activist funds—though not all—are good. Since 2009, one in seven of the largest U.S. firms has faced an activist campaign. During the same time, U.S. equities have generated strong returns”.

Madrid, 27 de abril de 2015