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jueves, 5 de septiembre de 2013

EE.UU.: Un balance del rescate bancario



He dejado constancia en ocasiones anteriores del especial interés que presenta la lectura del Deal Book de The New York Times. Cualquier interesado en la experiencia mercantil encontrará en sus abundantes entradas la plasmación de los principales intereses y conflictos que inspiran la legislación y jurisprudencia aplicable a las grandes empresas. Una nueva prueba de ello es la reciente entrada redactada con respecto a lo que podríamos calificar como la valoración del programa TARP (Troubled Asset Relief Program) adoptado en 2008. La entrada se titula "Five Years After TARP, Misgivings on Bonuses".


Ese programa de saneamiento sistémico se adoptó de una manera acelerada y cuasi traumática en los albores de la crisis financiera estadounidense y supuso una ingente inyección de recursos públicos para  el saneamiento simultáneo de una gran parte del sistema financiero de aquel país. Se destinaron cientos de miles de millones de dólares al rescate de entidad financieras, algunas de ellas protagonistas de prácticas merecedoras de sanciones civiles y penales. El programa topó con una lógica incomprensión popular.

En la entrada, quien era entonces Secretario del Tesoro, Henry M. Paulson Jr., analiza sus decisiones de entonces. Considera que acertaron al haber abordado el saneamiento del sistema en su conjunto. En su opinión, ha resultado una solución más satisfactoria que la elegida en otros Estados, consistente en ir saneando las entidades en función de sus sucesivas crisis. Desde el punto de vista de la confianza, puede que resulte cierto que esa solución deja una percepción general de haber superado una crisis, mientras que es difícil que vuelva la confianza en un sistema financiero en el que van apareciendo sucesivas crisis que fomentan la duda sobre cuál será la siguiente entidad en caer. En cualquier caso, son consideraciones de política económica y legislativa que se basan en la difícil medición de las reacciones sociológicas y que permiten opiniones en sentido opuesto. La acción conjunta de saneamiento de todo un sistema puede llevar a pensar que no hay dentro de él ni una sola entidad que se salve de las dificultades. Se produce una contaminación de los problemas que puede ser injusta para entidades solventes y gestionadas. Además, esa reacción simultánea puede tener consecuencias funestas si de la ejecución de las medidas adoptadas no queda la convicción de que se ha superado el problema en su conjunto.

Donde la entrada que reseño cobra atractivo adicional es en la relación que se establece entre el programa TARP y  los enormes bonus que se respetaron a favor de los gestores de esas entidades. El reproche repetido al TARP se concentraba en su tolerancia frente a los enormes bonus que se mantuvieron en entidades en proceso de saneamiento. Nunca podrá entenderse que se retribuya de manera generosa (mejor, escandalosa) a quienes aparecen como responsables de una catástrofe empresarial que se solventa mediante recursos públicos. La paradoja se resume diciendo que los beneficios son siempre privados, mientras que las pérdidas se afrontan a partir de su socialización. Es una afirmación eficaz, pero no siempre cierta.

Volviendo a Paulson, explica su actuación en este punto sobre dos argumentos principales: limitar legalmente las retribuciones en entidades rescatadas habría alejado a no pocas de ellas del TARP. Los gestores, ante el temor a la pérdida de sus retribuciones preferían no recibir ayudas que permitieran acelerar o completar su saneamiento. Ello perjudicaba la principal pretensión del TARP y, por lo tanto, su eficacia: el saneamiento simultáneo y completo del sistema. La segunda reflexión de Paulson apunta a una nota de actualidad en España: la pugna entre la ejemplaridad de las sanciones a los bancos y banqueros rescatados y la estabilidad del sistema:

“He said the hardest part of the bailouts for him was in the disconnect between the bailouts’ ugly image with the public and his faith that the bailouts would help keep the economy from collapsing.

“I understood that people were angry,” Mr. Paulson said. “They wanted to hear that those that made the mistakes were going to be held responsible. Then on the other side was stability. It’s hard to punish and save the banks at the same time.” He paused for a moment. “I was much more concerned with stability”.

Porque el rescate financiero no termina en el saneamiento de empresas, sino que empieza y acaba en la defensa de la estabilidad del conjunto del sistema.

Madrid, 5 de septiembre 2013