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miércoles, 8 de mayo de 2013

De nuevo: a favor y en contra del presidente ejecutivo



El debate sobre la separación de los cargo de presidente del consejo de administración y primer ejecutivo de la sociedad no queda en las recomendaciones en materia de buen gobierno o en las publicaciones que sobre el tema hemos mencionado aquí. La permanencia o el retorno de un presidente ejecutivo se discute en grandes y concretas corporaciones.


Un caso relevante es el que depara la preparación de la junta general que debe celebrar JP Morgan dentro de este mes. La continuidad de su presidente ejecutivo en su actual función parece encontrar resistencia en algunos de los principales inversores institucionales, titulares en conjunto del 12 por 100 del capital de la entidad. Así se desprende de diversas noticias que desde hace semanas se ocupan del asunto, que es una de las expresiones de malestar de accionistas, cuyo origen parece estar en algunos problemas detectados en departamentos del citado banco que generaron pérdidas relevantes (la  bautizada “ballena” londinense) y, ante todo, un insuficiente control de sus actividades.

La relevancia del caso se refuerza por afectar a una de las más destacadas instituciones financieras mundiales y a un directivo igualmente reputado. El activismo de los accionistas se dirige contra la continuidad de determinados consejeros, pero por la relevancia de la figura de James Dimon, el voto sobre su continuidad como presidente del consejo y CEO concita una considerable atención informativa.

Accionistas influyentes como Warren Buffet se manifiestan a favor de la continuidad de la actual situación, mientras que la asesora de voto ISS ha redactado una propuesta en sentido opuesto. Los argumentos de ambos bandos son conocidos y estimables.  Aparecen en esta crónica del Financial Post. Incluida la opinión del principal afectado.

He acudido al proxy statement que la entidad ha puesto a disposición de los accionistas. El acuerdo debatido lo propone un accionista, que lo justifica. A su vez, el consejo reclama un voto en contra del acuerdo y justifica esa petición. Todo ello a lo largo de las páginas 44 a 46 de ese documento.

Estamos, al fin y al cabo, en uno de los puntos esenciales del gobierno corporativo: la acumulación de poder y la división del mismo como opciones. A los accionistas les corresponde optar por uno u otro modelo y a los administradores afectados acatarlo o dimitir.

No hay evidencia empírica que ratifique de manera absoluta el acierto de una concreta solución. La concentración de poder ha generado algunos escándalos empresariales al igual que ha provocado divisiones, inestabilidad y deslealtad en el seno del consejo la división de funciones. En ambos casos, los resultados negativos no se han debido sólo a la opción por una u otra forma sino, sobre todo, por el incumplimiento de la mayoría de consejeros de sus funciones frente al presidente ejecutivo o frente a la dualidad constituida por un presidente y un consejero delegado incapaces de colaborar en interés de la entidad.

Madrid, 8 de mayo de 2013