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jueves, 25 de abril de 2013

Más sobre el auditor y el deber de secreto



Vuelvo sobre la historia del auditor indiscreto que abordé aquí. Lo hago siguiendo las noticias que  ofrecía The Wall Street Journal el pasado fin de semana, que ilustran el alcance de los hechos. Me refiero a que más allá de que estemos ante una investigación criminal cuyo detonante era el uso de información privilegiada, el hecho de que el informante fuera un auditor y que la información fuera, precisamente, la obtenida en el ejercicio de su profesión ofrecían distintas consideraciones desde la perspectiva del régimen legal aplicable a esa doble relación: la existente entre la auditora y sus clientes y la que mantenía la firma con su socio y triste protagonista de los hechos.


Partamos de que se trata de un asunto relevante. Cito la crónica de Michael Rapaport en el citado diario: “The case is among the most prominent violations of client confidentiality by an employee of a major accounting firm in years”. No debe sorprender, por lo tanto, que sus  consecuencias también sean considerables. En primer término, para la propia firma afectada, que ha anunciado una profunda revisión de sus códigos internos que, aunque contemplaban medidas destinadas a evitar fugas de información o el aprovechamiento doloso de la misma, parecen reclamar un mayor rigor. Es una reacción diligente y necesaria, pues la firma ha renunciado a seguir auditando algunas de las sociedades cotizadas cuyos valores eran objeto de la información transmitida por su ex socio.

El tiempo dirá si esa reacción es suficiente. No van a ser tiempos fáciles para la firma afectada, puesto que se vaticinan reacciones hostiles de los accionistas ante la posibilidad de que se nombre o mantenga a esa firma auditora para la revisión de las cuentas de la sociedad. Se manifiesta así que lo que supuso una conducta delictiva acabará influyendo en el gobierno corporativo:

No clients have said they plan to drop KPMG as their auditor as a result of the recent case. Several Pacific Southwest clients have reaffirmed their support for the firm, issuing proxy statements in which they continue to recommend that shareholders approve KPMG as their auditor.

Such votes are typically a pro forma matter—at Herbalife, less than 1% of shares were voted against KPMG last year. But forthcoming auditor votes at clients of KPMG could draw more attention, as corporate-governance advocates and industry observers gauge whether the London affair leads to any falloff in shareholder support for the firm.

The key issue will be, "do people who vote think this reflects on KPMG or is isolated to that one partner," said Joseph Carcello, an accounting professor at the University of Tennessee”.

En segundo lugar, el problema ha repercutido en las otras firmas auditoras. La reacción de la firma afectada y perjudicada ha animado a las demás a revisar sus procedimientos y a defender la eficacia de los mismos. Cabe pensar que con ello se evita que un problema individual se presente como una mala praxis general y, también, se aleja la tentación de proceder a cambios normativos que terminen afectando al conjunto de las auditoras.

Por último, y en tercer lugar, la causa penal va a verse acompañada de una sucesión de litigios: el que iniciará la firma contra su ex socio, el que iniciarán las sociedades perjudicadas contra su firma auditora y, last but not least, las actuaciones que pueda iniciar el supervisor estadounidense (el Public Company Accounting Oversight Board) contra la firma.

Madrid, 25 de abril de 2013